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    El fin de la Segunda Guerra Mundial también señaló el principio de un período fenomenal en el crecimiento de pentecostalismo por todo el mundo.


    El movimiento que había comenzado medio siglo antes, marcado por una poderosa dotación del Espíritu Santo y el renuevo de los dones espirituales en la iglesia, de repente se hallaba siendo lanzado a la luz principal de denominacionalismo Cristiano.


    Esta notable oleada de nuevos convertidos ha sido atribuido al comienzo del avivamiento de sanidad más grande jamás conocido en la historia del mundo. Fue un evento que comenzó con la visita de un Ángel y un don de sanidad que fue tan sobresaliente que causó que multitudes dijeran, “Los días de la Biblia han vuelto

nuevamente”.


    El Diccionario de Movimientos Pentecostales y Carismáticos nos da esta sinopsis de esta piedra miliaria en la historia de la iglesia:

“La persona universalmente reconocida como el “padre” del avivamiento y el que “fijó el paso” fue William Branham. El aparecimiento repentino de sus campañas de sanidad milagrosa en 1946 pegaron fuego a una explosión espiritual entre el movimiento pentecostal que habría de mudarse a la Calle Principal de E.U.A. para los años de la década 50, y así dar lugar al movimiento carismático más amplio en la

década 60, que para la fecha tiene efecto en casi toda denominación en el país”.


    En muchos aspectos, William Branham no parecía ser el candidato correcto como el recipiente de este don milagroso que estremecería al mundo entero. Nació en una familia que a duras penas pudo proveer para sus necesidades físicas, y padecían de toda infl uencia Cristiana. Su educación formal terminó unos meses después de haber terminado la primaria, y por consiguiente por toda la vida él habló en el idioma de la gente común.


    Pero en vez de una educación, Dios lo equipó con la voz autoritaria de un narrador, y aunque su gramática a menudo era muy informal, no había duda alguna en cuanto al signifi cado de sus palabras. Su estilo de predicar no fue desarrollado en un seminario; él más bien empleó ejemplos que había experimentado en su vida, y en particular del tiempo que pasó en el bosque y en el desierto observando la naturaleza.


    Aún cuando su ministerio de sanidad llegó a ser legendario, él no adoptó una moda de vida de lujo ni se promovió por encima de otros. A través de toda su vida, William Branham desplegó la clase de simplicidad y humildad que señala grandeza en los hombres.


    Los pensamientos presentados en este libro han sido seleccionados de una biblioteca de más de 1177 sermones que fueron grabados durante el ministerio de este extraordinario siervo de Dios. No se detenga en llevar estas palabras directamente a su corazón. Cuando lo haga, entonces descubrirá un mensaje tan poderoso y al día, hoy mismo, como fue en el día cuando fue hablado.


  -- Rebekah Branham Smith